Reflexiones sobre el diccionario monolingüe de EL/E

Nube de palabras con los conceptos básicos relacionados con la lexicografía monolingüe para L2. La foto es de creación propia con la ayuda de la aplicación Tagxedo.

Nube de palabras, creada con Taxedo.com

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No cabe duda de que el uso del diccionario en el proceso de aprendizaje de una lengua extranjera supone numerosas ventajas, como puede ser, por ejemplo, el hecho de poder descodificar o producir enunciados en esa otra lengua. De acuerdo con Hernández (2001: 94), existen básicamente dos tipos de diccionarios que tienen como destinatarios a los estudiantes de una lengua extranjera: los diccionarios bilingües, para los niveles iniciales, y los diccionarios monolingües para extranjeros (también llamados de aprendizaje), para los niveles más avanzados. A estos dos tipos, y ya en niveles de perfeccionamiento, se les podría añadir un tercero: el diccionario de lengua general.

Esto tres tipos de diccionarios trenzan en cierta manera el continuum representado por la propia evolución en el aprendizaje de una lengua extranjera. A medida que el estudiante va progresando en su adquisición, necesita cada vez menos recurrir a su lengua materna como punto de referencia y de apoyo, al tiempo que va empleando como metalengua esa misma lengua que está aprendiendo. O lo que es lo mismo, va pasando de la traducción a la descripción y explicación, paso este que se produce al empezar a emplear el diccionario monolingüe de L2. He aquí cuál tendría que ser, en mi opinión, la primera característica de un diccionario monolingüe para extranjeros: su enfoque descriptivo y explicativo.      

Por otra parte, teniendo en cuenta que el aprendizaje de una lengua extranjera supone el desarrollo de todas las destrezas comunicativas, cualquier diccionario destinado para tal fin ha de contemplar —y también saber resolver— los diversos problemas relacionados con la recepción y producción de enunciados en la lengua meta. De este modo, el diccionario de L2 ha de cumplir necesariamente una doble función: la descodificadora y la codificadora.

Asimismo, y sin olvidar que se trata ante todo de un instrumento para el aprendizaje del vocabulario, un diccionario para extranjeros también tiene que tener presente cómo se lleva a cabo el proceso correspondiente. Ni que decir tiene que las unidades léxicas no se aprenden ni se fijan en nuestro lexicón de manera aislada, sino estableciendo relaciones —tanto paradigmáticas como sintagmáticas— con las otras unidades léxicas aprendidas. Por ello, además de la información descodificadora y codificadora que aporta en su microestructura, el diccionario monolingüe de L2 tiene que establecer una tupida red de analogías y de combinaciones, de modo que las palabras catalogadas en él estén siempre relacionadas con las que tienen alguna coincidencia significativa (sinonimia, antonimia, hiperonimia, etc.) o suelen mantener algún tipo de relación sintagmática (colocaciones, fraseología, etc.), respectivamente.

En lo que se refiere a las definiciones —columna vertebral de todo artículo
lexicográfico—, dado el carácter descriptivo y explicativo del diccionario monolingüe para extranjeros, estas tienen que ser suficientemente claras y exhaustivas, y rehuir en todo momento la circularidad. Para ello, en primer lugar, la selección del vocabulario definidor que se va a utilizar en el diccionario tendrá que hacerse de acuerdo con el nivel para el cual este está destinado.

En segundo lugar, se debería dar preferencia a las definiciones metalingüísticas, capaces de informar al usuario no solo sobre el significado denotativo del lema, sino también sobre sus valores connotativos o socio-pragmáticos. Así, por ejemplo, para un estudiante extranjero sería más útil definir la voz maricón como ‘manera ofensiva de referirse a una persona homosexual’, que como ‘persona homosexual’ y después especificar su condición vulgar y de insulto mediante marcas de uso. No hay que olvidar que la violación de las normas socio-pragmáticas de una lengua es siempre censurable —incluso en el caso de los hablantes no nativos—, al tiempo que los errores gramaticales o de selección léxica son fácilmente subsanables, puesto que no atentan en ningún momento contra la imagen del interlocutor.

Y en tercer lugar, con el fin de evitar la circularidad, se tendrá que descartar tanto el uso de las definiciones sinonímicas como la presencia del elemento definido —o de algunos de sus primitivos— en la definición; práctica esta bastante frecuente en los diccionarios de lengua.

Otro punto importante —y al que se debe prestar especial atención— es el tocante a la información gramatical, la cual no se tendría que limitar a la mera categoría gramatical de la unidad léxica analizada. También debería abarcar aspectos como la morfología, la caracterización de los verbos (transitivos, intransitivos, etc.) y de los nombres (contables, no contables, pluralia tantum, etc.), el régimen preposicional, los posibles complementos, etc. Se trata, en definitiva, de aportar al usuario la información necesaria para que sea capaz de producir enunciados con la palabra consultada. Téngase a modo de ejemplo el verbo doler, en cuyo caso, además de reseñar su significado, morfología e intransitividad, es preciso indicar que casi siempre va precedido por una forma pronominal átona en función de complemento indirecto: Se ha caído y le duele mucho el brazo.

Tampoco hay que olvidar los ejemplos, que han de ilustrar todo cuanto se ha referido sobre la palabra entrada: qué significa y cómo se emplea. Es decir, los ejemplos, además de mostrar el significado preciso de las palabras en un determinado contexto, han de mostrar la morfología de la palabra, cuál es su posición y función dentro de la frase o con qué otros elementos sintácticos o léxicos se suele combinar. Asimismo, los ejemplos han de ser reales, útiles y fácilmente de contextualizar por el aprendiz; puesto que no se trata solamente de construir frases correctas desde el punto de vista gramatical —El hablar modesto le sienta bien (DRAE 2001)—, que nadie utiliza en la lengua real.

Por último y en lo que se refiere a las marcas, estas tendrían que sancionar sobre todo el uso —registro, nivel, tono, etc.— de las palabras catalogadas. Siendo este un diccionario de aprendizaje, creo oportuno que la nómina de marcas no sea muy extensa, pues muchas veces en aras de la precisión se sacrifica la lecturabilidad del artículo lexicográfico. Lo importante es que el usuario sepa en qué contextos podrá utilizar tal palabra, a qué nivel de lengua pertenece  y cuáles son sus connotaciones socio-pragmáticas; más que aprender concretamente a qué ámbito específico pertenece, siendo, por tanto, suficiente etiquetarla como tecnicismo. Además, tal y como se ha afirmado previamente, la información socio-pragmática relevante tendría que estar siempre presente en la definición.

Bibliografía:

Hernández Hernández, Humberto: “El diccionario en la enseñanza de E.L.E. (Diccionarios de español para extranjeros)”. en Marín Zorraquino, María Antonia y Diez Pelegrín, Cristina (eds.) (2001): ¿Qué español enseñar? Norma y variación lingüísticas en la enseñanza del español a extranjeros. Actas del XI Congreso Internacional de ÁSELE. Zaragoza: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Zaragoza, págs. 93-103. Disponible en línea: http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/11/11_0093.pdf

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